La ristra de personajes que han zapateado por las calles neoyorquinas es tan inmensa que desde esta guía consideramos que todos ellos han dejado una huella indeleble que, todavía se puede percibir en el especial aroma que desprende la ciudad, por eso queremos mostrarte e informarte todo acerca de Nueva York.

Un poco de historia sobre Nueva York…

En Nueva York vivieron durante un tiempo los escritores Henry Miller y Francis Scott Fitzgerald quienes la convirtieron, además, en protagonista de su laureada literatura. También la recorrieronGene Kelly y Frank Sinatra y Jules Munshin, enfundados los tres en su uniforme de marineros, y entonando alegremente su New York, New York mientras se asomaban a los lugares más emblemáticos de la urbe, y, últimamente, Carrie Bradshaw y su trío de inseparables han callejeado por las particularidades de esta metrópoli. Todos ellos, y muchos más que omitimos, contribuyeron a forjar la idiosincrasia de esta ciudad que se levanta, gigantesca, en la costa Este de los Estados Unidos.  
Al viajero que pretenda probar este maravilloso brebaje neoyorquino se le abren tres posibles opciones aéreas: el aeropuerto de John Fitzgerald Kennedy, La Guardia o Newark. Las aerolíneas que operan en estos aeródromos son, entre otras, Iberia, Continental Airlines o Delta Airlines. El turista español puede plantarse en unas nueve horas en el corazón de Times Square y emprender su ruta por la ciudad. Todavía es posible alcanzar Nueva York en un transatlántico, y con mucha mejor fortuna que el Titanic. Sin embargo, la frecuencia de barcos que zarpan a Nueva York no es muy “ajetreada”. A esos privilegiados de la cartera, les informamos de que el mayor crucero del mundo, el Queen Mary II, atraca en el muelle de Barcelona un par de veces al año.
Hablar sobre la economía neoyorquina supondría conferenciar durante varios días, puesto que es un asunto prácticamente inabarcable. De hecho, esta ciudad constituye un centro de negocios de relevancia mundial, y sirve de sede a una ingente cantidad de medios de comunicación, aseguradoras, bancos, multinacionales etc. Sin embargo, es posible recurrir a un sólo nombre: Wall Street. Esta palabra explicaría de un plumazo el tema de su economía y no haría falta agregar una nota más al respecto.

Paradas obligadas en Nueva York…

Times Square: Bienvenidos a Broadway
Aquí empiezan, para no terminar, los neones; los anuncios luminosos y gigantescos que se comen la atención del viandante; las puertas de los teatros de los musicales atestadas por curiosos; incluso los anuncios donde se informa, en vivo, acerca de las cotizaciones de la Bolsa y, por supuesto, el río de taxis amarillos que se derrama por toda la metrópoli. El viajero ha de saber que las oficinas del periódico New York Times se localizaban aquí y, por eso, esta plaza ha sido bautizada como Times Square.
El Museo Metropolitano de Arte                                      
En el interior del Central Park, se levanta este fastuoso edificio cuyos interiores, prácticamente podemos aseverarlo, narran la historia del hombre a través de su arte, a excepción del siglo XX que se reserva para sus camaradas, el Moma, el Guggenheim y el Whitney. Que el pecho del viajero español no se hinche de indignación en cuanto entrevea un patio almeriense que fue traído piedra a piedra en 1904. Dicho patio, de estilo castellano- renacentista, se emplazaba, originariamente, en el castillo de Vélez Blanco y fue vendido a un marchante francés a cambio de unas módicas 80.000 pesetas. Este despierto coleccionista lo traspasó, a su vez, a un magnate estadounidense quien, finalmente, lo donó al museo y así culminó el periplo de este inquieto patio renacentista.
Long island
Después del fragor de las calles neoyorquinas, el viajero, quizás, desee navegar hacia una isla más sosegada. Así que aquéllos que quieran insuflar paz al alma deben probar esta isla y conocer, aunque sea desde su butaca de turista, las mansiones de los Hampton, los blanquísimos faros de franja roja en el centro, del condado de Suffolk, que además de guiar a los barcos, alumbran la imaginación del viajero.
Gastronomía.
Quizás la imagen que mejor explique este aspecto sea, para aquellos que hayan leído La conjura de los necios de John Kennedy Toole, la estampa de un Ignatius Reilly sosteniendo con fervor un perrito caliente o hot dog. Sin embargo, y a pesar de que las calles neoyorquinas se desbordan con estos puestos ambulantes de comida rápida que atiborran el ambiente con sus aromas, la comida de la ciudad ofrece monumentos nacionales como la tarta de queso (New York cheese cake), una suerte de pan salado (los pretzel), unos dulces que se sirven con sirope (pancakes), además de una ensalada Waldorf, o decantarse por una César. El viajero ha de acomodar su apetito a los horarios de los restaurantes (muy diferentes a los ibéricos) pues a las tres de la tarde nadie se apiadará de su hambre.
 
Gracias a Ignacio de NuevaYork.es  por enviarnos este artículo genial!!

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